Elevación de cargas

Estudios epidemiológicos han relacionado el manejo frecuente de cargas con el incremento del riesgo de alteraciones lumbares (Simunic y cols., 2001). Este riesgo se incrementa al movilizar mayor peso, a mayor velocidad y cuando las cargas se movilizan simultáneamente en diferentes planos (Wilson y Granata, 2003), como por ejemplo, al realizar simultáneamente una flexión y rotación intervertebral.

Cuando se coge una carga en condiciones asimétricas aumenta el estrés compresivo y de cizalla antero-posterior, comprometiendo la estabilidad, y aumentando el riesgo de algias lumbares (Wilson y Granata, 2003).

La incidencia de lesiones raquídeas al elevar cargas con rotación del tronco se debe a una mayor susceptibilidad de las estructuras, así como a una disminución de la implicación de los estabilizadores del raquis en esta posición (Goldish y cols., 1994).

La rotación intervertebral combinada con cargas compresivas genera grandes picos de estrés y un gradiente de presión centrípeto que puede causar el fallo de las fibras más internas del anillo fibroso, lo que conlleva la delaminación del mismo y degeneración discal. Esto puede afectar al transporte de nutrientes a través de esta zona del disco intervertebral (Steffen y cols., 1998).

El estrés generado al manejar cargas está determinado por diversos factores. Cuando la carga se aleja del eje de gravedad aumenta la presión intradiscal (Wilke y cols., 2001), la compresión y el estrés de cizalla antero-posterior. Conforme la carga se encuentra más cerca del suelo el estrés generado al recogerla aumenta significativamente (Marras y cols., 2004).

El peso movilizado y la posición de los segmentos influyen en la magnitud de la presión intradiscal (Wilke y cols., 2001; Polga y cols., 2004) y la compresión raquídea (Adams y Dolan, 1994).

El peso movilizado es el factor que más condiciona la fuerza compresiva ejercida sobre el raquis, seguido de la situación del peso. En cuanto al estrés de cizalla lateral, su magnitud está más influenciada por la situación de la carga, el peso movilizado y la asimetría. Respecto al estrés de cizalla antero-posterior, las características antropométricas y el peso a movilizar son los factores que más influyen en el estrés generado (Davis y Marras, 2003).

Al manejar una carga, los hombres experimentan mayor carga raquídea absoluta debido a su mayor masa corporal. Sin embargo, cuando se valora el umbral de tolerancia del raquis, las mujeres tienen más riesgo de lesión (Marras y cols., 2002).

En personas poco entrenadas y con un bajo control motor de su musculatura, se ha observado que al manejar cargas y ventilar de forma acelerada, hay un aumento de la compresión raquídea y una menor estabilidad (McGill, 2003). En personas con dolor lumbar se ha comprobado que hay una mayor carga compresiva al manejar pesos.

Cuando se realiza una flexión de tronco para coger una carga, se puede realizar el movimiento a través del eje coxofemoral (técnica squat), a través de una flexión intervertebral del raquis dorsal y lumbar (técnica stoop), o mediante una combinación de ambas (McGill y cols., 2000).

 

El riesgo de lesión al manejar cargas está más influenciado por el grado de flexión lumbar que por el uso de una técnica u otra (Potvin y cols., 1991). De hecho, se puede observar personas que levantan un peso o un objeto flexionando las rodillas, pero con el raquis lumbar y dorsal flexionado.

Conforme se manejan cargas más pesadas y se realizan los movimientos a mayor velocidad, aumenta la flexión del raquis (Davis y Marras, 2000). Una elevación continuada de cargas produce deformación viscoelástica en los tejidos pasivos, posibilitando un mayor rango de flexión vertebral (Parkinson y cols., 2004).

La técnica stoop se caracteriza por una mayor flexión raquídea, lo que produce una transferencia de carga del músculo a los tejidos pasivos y aumenta el estrés de cizalla anterior por la mayor tracción de los ligamentos vertebrales del arco posterior (supraespinoso e interespinoso, especialmente) (McGill y cols., 2000).

Estos poseen un brazo de palanca más corto que el conjunto de los extensores lumbares y, al ser tensados, imponen mayor estrés en los discos intervertebrales (Cholewicki y McGill, 1991). Por el contrario, el brazo de palanca del erector spinae disminuye cuando el raquis lumbar está flexionado (Wilke y cols., 2003), afectando a su capacidad para desarrollar tensión, lo que aumenta el estrés compresivo en los discos intervertebrales (Dolan y Adams, 1993).

El estrés aumenta a mayor grado de flexión vertebral (Granata y Wilson, 2001), y reduce la tolerancia a la carga compresiva, incrementando el riesgo de hernia discal posterior (McGill y cols., 2000). La técnica stoop se caracteriza por una mayor flexión vertebral lumbar y dorsal si las rodillas están extendidas (Dolan y cols., 1994), siendo la extensibilidad isquiosural una variable determinante en la disposición del raquis dorso-lumbar y en la activación de los extensores lumbares, ya que las personas con mayor flexibilidad isquiosural presentan niveles de activación en los extensores lumbares más elevados (Shin y cols., 2004).

Además, la flexión lumbar reduce el coseno del ángulo que forma la línea de acción de las fibras del longissimus thoracis pars lumborum e iliocostalis lumborum pars lumborum respecto al eje compresivo del raquis, comprometiendo la habilidad de los extensores lumbares para soportar las fuerzas de cizalla anterior (McGill y cols., 2000). Si una persona sujeta una carga con el raquis lumbar flexionado y aparece el fenómeno flexión-relajación, el erector spinae lumbar genera menos fuerzas de cizalla posterior (Potvin y cols., 1991), y con ello aumenta el estrés de cizalla anterior.

Se ha comprobado que existe una mayor incidencia de lesiones en personas que están sometidas frecuentemente a posturas donde aumenta el estrés de cizalla, y si alcanza o supera los 1000 N se genera un mayor riesgo de lesión, como la avulsión del platillo vertebral (McGill, 2002).

La técnica squat se caracteriza por una mayor participación de miembros inferiores, especialmente flexión de rodillas, manteniendo el raquis más alineado. No obstante, algunas personas flexionan sus rodillas, pero mantienen su raquis dorso-lumbar flexionado. En el manejo y elevación de cargas, conservar la curva lumbar alineada o ligeramente rectificada, activa la musculatura lumbar (Holmes y cols., 1992), reduce el estrés de cizalla anterior (Granata, 1998), y los ligamentos vertebrales no generan prácticamente estrés alguno (McGill, 1997).

Además, cambia la línea de acción de las fibras del longissimus thoracis pars lumborum e iliocostalis lumborum pars lumborum, que ejercen su tensión oblicuamente respecto al eje compresivo del raquis lumbar, produciendo fuerzas de cizalla posterior en la vértebra superior, que se oponen a las fuerzas de cizalla anterior (McGill y cols., 2000).

Cuando una persona coge una carga con el raquis lumbar y dorsal flexionado, y modifica esta posición, colocando el raquis dorso-lumbar alineado, el estrés de cizalla anterior disminuye considerablemente (Potvin y cols., 1991). La presión intradiscal al coger una carga de 20 Kg con raquis flexionado (stoop) es de 2.30 Mpa, mientras que al colocar el raquis alineado (squat) se reduce hasta 1.70 Mpa (Wilke y cols., 1999).

Si se movilizan cargas en condiciones de fatiga de los extensores lumbares, el momento flexor sobre el raquis lumbar se incrementa (Dolan y Adams, 1998), aumentando el estrés en discos y ligamentos intervertebrales. Se ha comprobado que cuando se realizan elevaciones continuadas de una carga colocada en el suelo, el cuádriceps se fatiga y la carga se va recogiendo de una forma más parecida a la técnica stoop (Hagen y cols., 1995).

Como recomendación para cualquier manejo y recogida de cargas, es preciso mantener el raquis lo más alineado posible (McGill, 1998), para aumentar la estabilidad y reducir el estrés vertebral (McGill, 1997), especialmente el de cizalla anterior (McGill, 2004).

Liebenson (2002) recomienda realizar una adecuada preparación (calentamiento) del raquis antes de manejar cargas. Adams y Dolan (1995) recomiendan: elevar las cargas lentamente, cerca del centro de gravedad, sin movimientos de rotación vertebral; evitar la flexión del raquis a primera hora de la mañana; reducir los movimientos de flexión para minimizar el estrés en discos intervertebrales y ligamentos; realizar ejercicios para mantener o aumentar la fuerza de los tejidos raquídeos; y evitar posturas hiperlordóticas, así como posturas de flexión raquídea.

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